La fe es uno de los pilares centrales de la vida cristiana. Sin fe no hay avance espiritual, no hay victoria, no hay transformación real. Sin embargo, muchos hijos de Dios viven frustrados porque sienten que su fe está estancada, que no crece, que no avanza al ritmo de las promesas que leen en la Palabra.
¿Por qué sucede esto?
¿Por qué hay creyentes sinceros que oran, asisten a la iglesia, leen la Biblia, pero siguen dudando, temiendo o viviendo por debajo de lo que Dios prometió?
La Escritura es clara cuando declara:
“…el justo por la fe vivirá.” (Romanos 1:17)
Si la fe es la forma en que vivimos, entonces entender cómo se recibe, cómo se cultiva y por qué muchas veces no crece es fundamental para todo discípulo de Cristo.
En este post vamos a profundizar en estas verdades a la luz de enseñanzas del pastor Juan Carlos Harrigan y del pastor Pedro Carrillo, quienes desde distintas perspectivas bíblicas revelan causas profundas del estancamiento de la fe y principios espirituales para fortalecerla.
Este contenido se basa en dos mensajes compartidos en Youtube por ambos pastores. (Enlazamos al final)
La fe: más preciosa que el oro
El apóstol Pedro afirma algo contundente:
“Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo.”
(1 Pedro 1:7).
El pastor Juan Carlos Harrigan enfatiza que la fe no es un complemento de la vida cristiana, sino uno de los elementos más valiosos del Reino. A través de toda la Escritura, desde Génesis hasta Apocalipsis, vemos que los hombres y mujeres de Dios conquistaron promesas, vencieron imposibles y atravesaron pruebas no por fuerza humana, sino por fe.
La fe permite ver lo invisible, oír lo que no se oye con los sentidos naturales y percibir la realidad espiritual. Es, por decirlo de algún modo, el “sentido espiritual” que conecta al creyente con el mundo sobrenatural.
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios…” (Hebreos 11:6)
No es la necesidad lo que mueve el corazón de Dios, sino la confianza puesta en Él.
Primera causa: escuchás cosas que no alimentan tu fe
Una de las enseñanzas centrales del pastor Harrigan es esta verdad:
“…la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.”
(Romanos 10:17).
La fe no aparece por esfuerzo mental ni por emoción momentánea. La fe es un resultado directo de lo que entra por nuestros oídos. Aquello que escuchás de manera constante termina formando tus creencias.
Cuando la Palabra de Dios ocupa el centro de lo que escuchás, la fe crece. Pero cuando los oídos se llenan de quejas, temor, incredulidad, crítica o mensajes centrados en el hombre y no en Cristo, la fe se debilita.
Una verdad clave que se repite en el mensaje es esta:
donde Jesús no es el centro, la fe no se produce.
El mensaje que transforma es el que revela a Jesucristo. No cualquier discurso religioso, no cualquier enseñanza motivacional, sino el anuncio claro de quién es Cristo, lo que hizo y lo que sigue haciendo.
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”
(Hebreos 12:2)
Segunda causa: te rodeás de personas que no caminan en fe
La fe también se fortalece —o se apaga— según con quién te relacionás. El pastor Harrigan enseña que las relaciones espirituales influyen directamente en el nivel de fe.
Los discípulos caminaron con Jesús durante tres años. Lo vieron sanar, liberar, multiplicar, resucitar. Luego, ellos mismos hicieron las mismas obras. No fue casualidad: la fe se contagia en las relaciones correctas.
La Biblia lo muestra una y otra vez:
- Eliseo creyó que el Jordán podía abrirse porque había visto a Elías hacerlo.
- Josué tuvo fe para conquistar la tierra porque había visto a Moisés caminar con Dios.
Relacionarte con personas de fe te inspira, te desafía y te empuja a creerle más a Dios. Por el contrario, rodearte de personas dominadas por el temor y la incredulidad termina apagando tu expectativa espiritual.
“El que anda con sabios, sabio será…”
(Proverbios 13:20)

Tercera causa: tu fe está desconectada de la obediencia
Uno de los puntos más profundos del mensaje del pastor Harrigan surge al analizar las palabras de Jesús en Lucas 17.
Los discípulos le dicen:
“…Señor: Auméntanos la fe.” (Lucas 17:5)
Jesús responde hablando de una fe como un grano de mostaza y luego presenta la parábola del siervo obediente. La enseñanza es clara: la fe que mueve montañas no es la fe emocional, sino la fe que oye a Dios y obedece.
No se trata del tamaño de la fe, sino del tamaño del Dios en quien confiás. Una fe pequeña puesta en un Dios infinito es suficiente para ver milagros.
La verdadera fe se activa cuando el creyente escucha la voz del Señor y hace lo que Él dice, aunque no lo entienda del todo.
Cuarta causa: una autoestima espiritual dañada
El pastor Pedro Carrillo aporta una perspectiva muy reveladora: la fe está directamente relacionada con la manera en que una persona se percibe a sí misma.
En 2 Samuel 9, Mefiboset se presenta ante el rey David, quien desea honrarlo, restaurarlo y bendecirlo. Sin embargo, la respuesta de Mefiboset es impactante:
“…¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?”
(2 Samuel 9:8)
Mefiboset no podía recibir la bendición porque no se sentía digno de ella. Su autoimagen estaba tan dañada que rechazaba lo que el rey quería darle.
De la misma manera, muchos creyentes aman a Dios, pero en el fondo sienten que no merecen Sus promesas. Se ven pequeños, incapaces, indignos. Y esa percepción interna limita su fe.
La fe crece cuando el creyente entiende quién es en Cristo:
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios….”
(1 Juan 3:1)
Si no crecés como persona, si no sanás tu identidad, si no renovás tu mente con la verdad de la Palabra, tu fe difícilmente avance.
Cómo cultivar, aumentar y mantener la fe
De ambos mensajes surgen principios claros y prácticos:
- Permanecer en contacto diario con la Palabra de Dios
- Mantener una vida constante de oración
- Orar en el Espíritu, edificando la fe
“..edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo” (Judas 1:20)
- Pedirle a Jesús que aumente la fe
- Escuchar mensajes centrados en Cristo
- Relacionarse con personas que caminan en fe
- Vivir una fe obediente, no solo emocional
Jesús lo resumió de esta manera:
“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”
(Juan 15:7)
Conclusión: tu fe puede crecer
La fe no está destinada a quedarse estancada. Dios desea que Sus hijos vivan confiados, firmes y llenos de expectativa. No importa el pasado, las caídas o las limitaciones humanas. Cuando la fe se apoya en un Dios grande, los imposibles comienzan a moverse.
Hoy es un buen día para volver a poner los ojos en Cristo, alimentar el espíritu con Su Palabra y caminar en obediencia. Allí, la fe empieza a crecer de manera natural.
📌 Nota: Contenido adaptado de los videos de Youtube del Pastor Pedro Carrillo ➡️ Por esto, es que tu FE NO CRECE y del Pastor Juan Carlos Harrigan ➡️ ¿Cómo Aumentar y Mantener la Fe?






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