A veces, al leer la Palabra, nos encontramos con pasajes que parecen decir cosas diferentes. Uno de esos casos surge al comparar el Salmo 31:19 con el Salmo 145:9. Mientras uno habla de la bondad de Dios hacia los que le temen, el otro declara que esa bondad alcanza a todos. ¿Estamos ante una contradicción? ¿Cómo debemos entender esto como creyentes que confiamos plenamente en la verdad y coherencia de las Escrituras?
Lo que dice cada salmo
El Salmo 31:19 expresa:
«¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, Que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!».
Aquí el salmista celebra una bondad especial, reservada para quienes tienen una actitud reverente hacia Dios. Es una bondad que se manifiesta de forma profunda, como una respuesta de Dios a quienes le honran con temor y obediencia.
En cambio, el Salmo 145:9 afirma:
«Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras.»
Acá se destaca el carácter universal de la bondad divina. El texto es claro: Dios es bueno con todos, y su misericordia cubre a toda su creación.

¿Entonces hay contradicción?
No, no la hay. Estos versículos no se oponen, sino que hablan de distintos aspectos de la misma verdad: la bondad de Dios es amplia, pero también tiene manifestaciones especiales para quienes viven en el temor del Señor.
Podemos entenderlo así:
- Dios es bueno con todos, en un sentido general. Da el sol, la lluvia, el alimento y muchas bendiciones diarias tanto a justos como a injustos (Mateo 5:45). Esta es la bondad de Dios que se derrama sobre su creación.
- Pero también guarda una bondad especial para quienes le temen. Esta no es simplemente bendición material o general, sino una manifestación más íntima y profunda de su favor, su protección, su presencia y sus promesas eternas.
Por lo tanto, lo que el Salmo 31:19 destaca es la experiencia de esa bondad especial que solo conocen quienes caminan en el temor de Dios. No contradice la bondad general del Salmo 145:9, sino que la complementa.
Un Dios de gracia, justicia y misericordia
La Biblia presenta a Dios como un Padre que bendice a todos, incluso a los que no lo reconocen. Pero también enseña que existe un tipo de comunión, de guía, de consuelo, de salvación, que es reservado para quienes se acercan a Él con fe, humildad y obediencia.
Esto se ve reflejado en muchos pasajes. Por ejemplo, en Proverbios 3:32 se dice: “…Mas su comunión íntima es con los justos.”. Y en Salmo 25:14: “La comunión íntima de Jehová es con los que le temen…”. Estos textos muestran que Dios ofrece cercanía especial a quienes le honran.
Entonces, la bondad de Dios es real para todos, pero se vive de forma distinta según la relación que uno tenga con Él.
¿Cómo aplicar esto a nuestra vida?
- Si ya caminás en el temor del Señor, descansá en su bondad especial. Él no solo te sustenta, sino que te guarda, te guía y te colma con bendiciones que el mundo no puede dar.
- Si aún no estás viviendo en esa reverencia hacia Dios, recordá que su bondad general también es una invitación. Él es bueno con vos hoy, incluso si lo ignorás, pero te llama a acercarte para experimentar algo más profundo y eterno.
No hay contradicción, hay profundidad. La Biblia no se pisa ni se anula: se complementa con sabiduría divina.





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