Creo en Dios, pero no en la Iglesia ni en la Biblia

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«Creo en Dios, pero no en la Iglesia ni en la Biblia». Es una frase frecuente, pero desde la perspectiva cristiana plantea una pregunta inevitable. ¿Podemos separar a Dios de la revelación que Él nos dio y de la comunidad que Cristo mismo estableció?

Qué es la Biblia

Para el cristianismo, la Biblia no es simplemente un libro religioso escrito por hombres. Es la Palabra de Dios comunicada a los hombres por medio de autores humanos, dentro de una historia concreta y bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Por eso, rechazar la Biblia mientras se afirma creer en Dios plantea una dificultad profunda. Si Dios se revela, también importa aquello que Él ha revelado sobre sí mismo, sobre el pecado, sobre la salvación y sobre Jesucristo.

La Biblia no ocupa el lugar de Dios ni reemplaza a Cristo. Su función es conducirnos hacia Él y dar testimonio de quién es.

«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.»
2 Timoteo 3:16

Plan de salvación

El centro de la fe cristiana no es simplemente creer que Dios existe. Incluso los demonios creen que Dios existe. La cuestión decisiva es qué hacemos con Jesucristo.

La salvación no se encuentra en una espiritualidad construida según nuestras propias ideas, ni en ser una buena persona, ni en aceptar a Dios de una manera indefinida. La salvación está en Cristo, porque Él murió por nuestros pecados y resucitó para darnos vida.

Jesús no se presentó como una opción entre muchas. Se presentó como el camino hacia el Padre.

«Jesús le dijo. Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie viene al Padre, sino por mí.»
Juan 14:6

Creer en Dios, desde la perspectiva cristiana, conduce necesariamente a mirar a Cristo. Y mirar a Cristo implica escuchar su palabra, reconocer nuestra necesidad de salvación, arrepentirnos y confiar en Él.

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Qué es la Iglesia

También es frecuente escuchar «creo en Dios, pero no en la Iglesia» como respuesta a los errores, abusos, contradicciones o pecados cometidos por personas que forman parte de comunidades cristianas.

Es comprensible que esas experiencias generen rechazo. Pero una cosa es reconocer los pecados de quienes forman parte de la Iglesia y otra muy distinta es concluir que la Iglesia no tiene lugar dentro del plan de Dios.

La Iglesia no puede reducirse a un edificio, una organización, un líder o una institución humana. En el Nuevo Testamento, la Iglesia es el cuerpo de Cristo y está formada por quienes pertenecen a Él.

Cristo no murió para crear creyentes aislados que cada uno pudiera definir la fe según su propio criterio. Murió para redimir un pueblo y formar una comunidad que viviera en comunión con Él y entre sí.

«Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular.»
1 Corintios 12:27

Esto tampoco significa que todo lo que haga una iglesia sea correcto. La Iglesia visible está formada por personas imperfectas y, a lo largo de la historia, se han cometido errores gravísimos en nombre de la fe.

Pero los errores de los cristianos no invalidan a Cristo. Del mismo modo que la infidelidad de un discípulo no convierte en falso al Maestro.

Conclusión

«Creo en Dios, pero no en la Iglesia ni en la Biblia» puede parecer una postura espiritual independiente, pero desde la fe cristiana deja fuera elementos fundamentales de aquello que Dios quiso revelar.

La Biblia nos conduce a Cristo. Cristo es quien salva. Y quienes han sido reconciliados con Dios por medio de Cristo son llamados a formar parte de su pueblo.

Por eso, el desafío no es simplemente preguntarnos si creemos en Dios. La pregunta es mucho más profunda. ¿Creemos en el Dios que se reveló en Jesucristo?

¿Estamos dispuestos a escuchar su Palabra? ¿Queremos seguir a Cristo incluso cuando eso confronte nuestras propias ideas?

No dejemos que las fallas de los hombres nos hagan abandonar a Cristo. Tampoco construyamos una fe a nuestra medida, aceptando de Dios solamente aquello que nos resulta cómodo.

Si creés en Cristo, buscá conocerlo. Abrí la Biblia. Escuchá su Palabra. Acercate a una comunidad de fe y examiná todo a la luz de las Escrituras.

Y si pensás diferente, también podés participar. Contanos en los comentarios qué significa para vos creer en Dios sin creer en la Biblia o en la Iglesia.

La conversación puede comenzar con una pregunta sincera. Compartí este post desde los botones para que otras personas también puedan reflexionar sobre este tema.

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