El don de hablar en lenguas según la Biblia – Bien explicado

El don de hablar en lenguas según la Biblia infografia

El don de hablar en lenguas es una de las manifestaciones del Espíritu Santo que más preguntas y diferentes interpretaciones ha generado entre los cristianos.

La Biblia habla de este don con claridad, pero también establece límites que debemos respetar.

Estudiemos qué dice la Escritura, evitando afirmar como doctrina aquello que la Biblia no afirma.

¿Qué es?

Hablar en lenguas aparece en el Nuevo Testamento como una manifestación concedida por el Espíritu Santo.

«A otro, diversidad de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.»
— 1 Corintios 12:10

En Hechos 2 vemos a los discípulos hablando en otras lenguas, mientras personas de diferentes naciones los escuchaban hablar en sus propios idiomas.

Este episodio muestra que, al menos en ese contexto, las lenguas podían ser comprendidas por quienes las escuchaban.

Sin embargo, 1 Corintios 14 presenta una dimensión que merece especial atención. Pablo afirma que «el que habla en lengua no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios».

La palabra griega mysterion (μυστήριον), traducida como «misterio», se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a verdades o realidades espirituales que estaban ocultas y que Dios da a conocer mediante su revelación.

No se trata simplemente de algo difícil de comprender mediante el razonamiento humano, sino de aquello cuyo conocimiento depende de la revelación de Dios.

Por eso, cuando Pablo dice que quien habla en lenguas «por el Espíritu habla misterios», el texto permite considerar que la manifestación puede involucrar una comunicación cuyo contenido y significado dependen de la acción del Espíritu.

Esto impide reducir automáticamente todas las lenguas a idiomas extranjeros conocidos.

Al mismo tiempo, tampoco podemos afirmar que esos «misterios» sean necesariamente idiomas angelicales.

La Escritura no explica en este pasaje que mysterion signifique «idioma celestial», ni establece que toda manifestación de lenguas corresponda a esa categoría.

La postura más prudente es sostener lo que la Biblia afirma con claridad y no convertir en doctrina aquello que Dios no ha definido expresamente.

El don procede del Espíritu Santo y debe ser ejercido conforme a la enseñanza apostólica, buscando siempre la gloria de Dios y la edificación de su pueblo.

Cuándo aparece

El don aparece claramente después de la resurrección y ascensión de Jesús, a partir de Pentecostés.

«Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.»
— Hechos 2:4

En Hechos 2 ocurre en Jerusalén, durante la fiesta de Pentecostés. Posteriormente encontramos manifestaciones relacionadas con lenguas en la casa de Cornelio en Cesarea y entre algunos discípulos en Éfeso.

La Escritura, por lo tanto, registra el fenómeno en diferentes momentos y contextos de la expansión inicial del evangelio.

hablar en lenguas evidencia del Espíritu Santo

Propósito del don

Los dones espirituales no fueron dados para exaltar al creyente, sino para cumplir el propósito de Dios y servir a otros.

«Así también vosotros; pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.»
— 1 Corintios 14:12

En Hechos 2 las lenguas funcionaron como una señal vinculada a la proclamación de las maravillas de Dios ante personas de distintas naciones.

En el ámbito congregacional, Pablo enseña que las lenguas acompañadas de interpretación podían contribuir a la edificación de la iglesia.

También existe una dimensión personal. Pablo dice que quien habla en lengua «a sí mismo se edifica» y posteriormente habla de orar en lengua.

Esto muestra que no todo lo relacionado con las lenguas debe entenderse exclusivamente como una actividad evangelística pública.

¿Es para todos?

La Biblia no enseña que todos los creyentes deban hablar en lenguas.

«¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?»
— 1 Corintios 12:30

La respuesta que surge del contexto es que el Espíritu Santo reparte los dones de manera diversa. No todos tienen la misma función ni reciben la misma manifestación.

Por eso, no corresponde convertir el hablar en lenguas en una condición indispensable para demostrar que una persona recibió al Espíritu Santo.

Históricamente hubo movimientos que desarrollaron esa enseñanza, y experiencias como la de Agnes Ozman tuvieron importancia en el desarrollo posterior del pentecostalismo. Pero una experiencia histórica no puede convertirse por sí misma en una doctrina bíblica.

Al mismo tiempo, reconocer que no todos reciben este don tampoco significa negar que Dios pueda manifestar sobrenaturalmente su poder. La respuesta bíblica requiere fe, cordura, discernimiento y prudencia.

Reglas en un ámbito público

Pablo no prohíbe las lenguas, pero establece normas para su ejercicio en la congregación.

«Si habla alguno en lengua, esto sea por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete.»
— 1 Corintios 14:27

El principio es claro. Si se habla públicamente en lenguas, debe existir interpretación para que la congregación pueda ser edificada. Si no hay intérprete, Pablo indica que la persona debe guardar silencio en la congregación.

También establece que todo debe realizarse de manera ordenada.

«Hágase todo decentemente y con orden.»
— 1 Corintios 14:40

Por eso, una manifestación espiritual no queda fuera del orden establecido por la Palabra de Dios.

¿Sigue vigente?

Existen dos posiciones principales dentro del cristianismo evangélico. El cesacionismo sostiene que determinados dones extraordinarios tuvieron una función particular en la época apostólica y posteriormente cesaron.

El continuismo sostiene que los dones mencionados en el Nuevo Testamento continúan disponibles para la iglesia.

«Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas.»
— 1 Corintios 14:39

La Biblia no contiene una afirmación explícita que diga que el don de lenguas cesó en determinado momento de la historia de la iglesia.

Por eso, este tema requiere estudiar cuidadosamente textos como 1 Corintios 12–14 y 1 Corintios 13, sin convertir una posición teológica posterior en una afirmación que el texto bíblico no realiza directamente.

Completos en Cristo

Cuando una persona recibe a Cristo, no le falta algo esencial para convertirse en hijo de Dios. Al nacer de nuevo, ha sido regenerada por el Espíritu Santo y recibe una nueva vida.

«Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder.»
— 2 Pedro 1:3

Pablo también afirma que Dios «nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo» (Efesios 1:3).

Además, todos los creyentes han sido incorporados al cuerpo de Cristo por el Espíritu.

«Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo.»
— 1 Corintios 12:13

El bautismo en el Espíritu no es presentado por Pablo como una experiencia que algunos cristianos tienen y otros no.

Es la obra mediante la cual el Espíritu nos incorpora al cuerpo de Cristo. La palabra griega baptizō está relacionada con la idea de bautizar o sumergir, y en este contexto Pablo describe nuestra incorporación al cuerpo de Cristo.

Esto es diferente de la llenura del Espíritu. Ya hemos sido regenerados, sellados y hechos hijos de Dios. Luego seguimos creciendo en santificación, conocimiento y obediencia, aprendiendo a vivir bajo la dirección y el poder del Espíritu Santo.

Vivamos lo que hemos aprendido

El propósito de estudiar los dones no es alimentar discusiones, sino conocer mejor a Cristo y permitir que el Espíritu Santo produzca en nosotros una vida que glorifique a Dios.

Los dones deben estar acompañados por amor, orden, humildad y edificación.

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