Este post está basado en un video en Youtube donde el evangelista Yiye Ávila relata una experiencia real vivida por un pastor cristiano, y busca transmitir un mensaje de fe, esperanza y confianza absoluta en la soberanía de Dios. El relato es profundo y conmovedor, especialmente para quienes creen en las promesas eternas de Jesucristo.
La historia de una niña y la fe de un pastor
En una gran iglesia de Estados Unidos asistía una familia cuya pequeña hija había nacido con poliomielitis. La enfermedad había deformado gravemente su cuerpo, impidiéndole caminar y moverse con normalidad. Al cumplir cinco años, la situación física era aún más trágica. Sus padres, profundamente afligidos, pidieron al pastor que orara por un milagro.
Con un corazón lleno de fe, el pastor se encerró en ayuno y oración, determinado a no comer hasta ver la sanidad de la niña. Sabía que la oración acompañada de ayuno es poderosa para romper ataduras espirituales. Pasaron días y noches clamando sin descanso, hasta que, en el día número trece, Dios le habló de forma clara: “No voy a sanar a la niña… me la voy a llevar al cielo”.
El pastor, aunque con lágrimas, aceptó la voluntad de Dios, entendiendo que el Señor es soberano y siempre actúa para bien. Dios también le dijo: “El que pelea por la bendición de otro siempre recibe bendición”, y le anunció que le mostraría algo que muy pocos hombres habían visto: los ángeles de la muerte y el alma de una persona.
El momento final
Días después, la familia llamó al pastor: la niña estaba al borde de la muerte en el hospital. Al llegar, los médicos informaron que le quedaba aproximadamente una hora de vida. Los padres pidieron al pastor que se quedara solo con ella en la habitación.
Mientras oraba, dos figuras oscuras y de aspecto terrible atravesaron el techo y se plantaron en la sala: eran ángeles de la muerte, enviados a tocar el cuerpo. El pastor recordó las palabras de Jesús:
“Y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden matar; temed más bien a aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno.” (Mateo 10:28).
Los ángeles oscuros tocaron el cuerpo de la niña, que dejó de respirar. Pero enseguida, dos ángeles blancos y resplandecientes del Señor descendieron con un brillo cegador, golpearon con sus alas a los ángeles de la muerte y los expulsaron fuera.

Un alma redimida
Los ángeles del Señor se acercaron a la niña, y el pastor vio algo impactante: sobre la mesa yacía el cuerpo deformado, pero en las alas de los ángeles estaba el alma de la niña, perfecta y radiante. El Espíritu Santo le dijo que los ángeles estaban cantando el cántico de los redimidos, el himno celestial de quienes han sido comprados por la sangre de Cristo.
La Biblia enseña que, por el sacrificio de Jesús, pasamos de ser propiedad del reino de las tinieblas a ser propiedad de Dios. Esa niña, hija de creyentes, ya pertenecía al Señor, y su espíritu fue llevado con gozo al cielo.
Los ángeles, con la niña en sus alas, atravesaron el techo y se elevaron rumbo al reino eterno, dejando al pastor con la certeza de que, aunque la muerte toca el cuerpo, el alma del creyente está segura en las manos de Cristo.
Reflexión final
Este testimonio nos recuerda que la fe no consiste en que Dios siempre haga lo que queremos, sino en confiar en que Él siempre hace lo mejor. Para los que están en Cristo, la muerte no es el final, sino el comienzo de la verdadera vida. La esperanza del creyente es que, al partir de este mundo, ángeles celestiales nos llevarán al hogar eterno donde Jesús nos espera.
📌 Nota: Contenido adaptado del video de Youtube: Dios No me Sana ¿POR QUÉ? Yiye Ávila te lo dice







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