Entre los muchos peligros espirituales que enfrentan los hijos de Dios, hay uno que suele pasar desapercibido porque se disfraza de aparente fortaleza, conocimiento o autoridad: la altivez. Este espíritu sutil pero destructivo ha sido causa de caídas, divisiones y distancias con el Señor.
Tanto el pastor Pedro Carrillo como el pastor Juan Carlos Harrigan han enseñado con claridad que la altivez es enemiga de la presencia de Dios y del fluir del Espíritu Santo. Este post está basado en los contenidos de dos videos de sus ministerios compartidos en Youtube. (Enlazamos al final)
¿Qué es el espíritu de altivez?
La altivez es una actitud del corazón que se eleva sobre los demás. Es el pensamiento interno que dice “soy mejor”, “valgo más” o “no necesito a nadie”.
El pastor Pedro Carrillo enseña que el altivo se cree con derecho a humillar, despreciar o juzgar a otros, sin darse cuenta de que esa conducta lo aleja de la gracia de Dios.
Según Proverbios 16:18:
“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.”
El altivo olvida que todo lo que tiene —posición, dones, inteligencia o belleza— es por gracia de Dios, y termina creyendo que su valor proviene de sí mismo.
Las muchas formas en que se manifiesta la altivez
Hay quienes se creen superiores por su nivel económico, profesión o estatus. Pero como recordó el pastor Carrillo, “hay gente pobre que también es altiva”, porque la altivez no tiene que ver con la riqueza sino con el corazón.
2. Altivez por apariencia o habilidades
Algunos se consideran mejores por su físico, su manera de hablar o sus talentos. Sin embargo, la Escritura enseña que la verdadera hermosura es la del corazón humilde y quebrantado delante de Dios.
3. Altivez religiosa
Tal vez la más peligrosa de todas. Cuando la persona cree que su forma de vivir la fe es más pura o más santa que la de los demás, comienza a despreciar al pecador, olvidando que Cristo murió por todos.
La religiosidad sin amor produce altivez espiritual, y eso es lo que Jesús condenó en los fariseos.
El ejemplo supremo de humildad: Jesucristo
Filipenses 2:5-7 dice:
“Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo…”
El Señor, siendo Dios, se humilló voluntariamente. No buscó ser servido, sino servir.
Si Jesús, el más grande de todos, se rebajó por amor, ¿cómo podríamos nosotros permitir que la altivez se aloje en nuestro corazón?

El peligro de la altivez en la vida espiritual
El pastor Juan Carlos Harrigan enseña que la unción no puede operar en un corazón lleno de orgullo.
Cuando el creyente deja de escuchar consejos, cuando ya no se deja corregir, cuando solo se rodea de personas que lo aplauden, el Espíritu Santo comienza a apartarse.
El sello de un verdadero ungido es la humildad.
Y cuando se pierde la humildad, es señal de que la persona está descendiendo espiritualmente.
“El orgullo te ciega —dice el pastor Harrigan— y te da una visión distorsionada de vos mismo. Te hace creer que estás por encima de los demás.”
Ejemplos bíblicos que revelan el fin del altivo
Nabucodonosor
El rey de Babilonia se llenó de orgullo al decir:
“¿No es esta la gran Babilonia que yo edifiqué con mi poder?”
Y Dios lo humilló haciéndolo vivir como un animal hasta que reconoció que solo el Altísimo reina.
María y Aarón
Despreciaron a Séfora, la esposa de Moisés, por ser de piel morena. Dios se enojó y castigó a María con lepra. El Señor no tolera el desprecio hacia sus criaturas.
Naamán
El general sirio no quería obedecer la instrucción de Eliseo de bañarse en el Jordán por considerar que el río era indigno. Solo cuando se humilló, fue sanado.
Estos relatos muestran que la altivez siempre termina en humillación, pero la humildad atrae la gracia y el favor de Dios.
La altivez también rompe relaciones
Jesús explicó que Moisés permitió el divorcio “por la dureza del corazón” (Mateo 19:8).
Esa dureza es otro nombre para la altivez: la incapacidad de perdonar, de reconocer errores, de pedir disculpas.
En los hogares, en las iglesias y en los ministerios, la altivez destruye la comunión, porque donde hay orgullo, no puede habitar el amor.
Recordar de dónde nos sacó el Señor
El pastor Carrillo citó Isaías 51:1:
“…Mirad a la piedra de donde fuisteis cortados, y al hueco de la cantera de donde fuisteis arrancados.”
Dios nos recuerda que todo lo que somos proviene de su misericordia.
No importa cuánto hayamos progresado o qué posición tengamos, debemos mantener un corazón agradecido, recordando los días en que no teníamos nada.
El día que olvidamos eso, el espíritu de altivez comienza a crecer.
Cómo vencer el espíritu de altivez
- Buscar continuamente la presencia de Dios.
En la oración y la adoración el alma se quebranta.
- Reconocer nuestras debilidades.
Admitir errores no es señal de debilidad, sino de madurez espiritual.
- Valorar a todos por igual.
No mirar la apariencia, el nivel económico ni la condición social.
- Escuchar consejo.
La sabiduría viene a través de la corrección y el consejo de los demás.
- Dar siempre la gloria a Dios.
Todo lo que tenemos, somos y logramos proviene de Él.
Conclusión: humildad, el camino de la verdadera grandeza
Dios resiste al soberbio, pero da gracia al humilde. La humildad no es debilidad; es tener un corazón sensible a la voz de Dios y dispuesto a servir a los demás.
El espíritu de altivez destruye la comunión y la unción, pero un espíritu humilde abre los cielos.
Pidamos al Señor que limpie nuestro corazón y nos libre de toda soberbia, para vivir una vida que refleje su amor y su carácter.
📌 Nota: Contenido adaptado del video de Youtube del Pastor Pedro Carrillo: LA ALTIVEZ – ESPÍRITU PELIGROSO y del Pastor Juán Carlos Harrigan: La arrogancia y el Orgullo






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