Dios también trabaja en las temporadas en las que todavía no vemos flores. Lo que parece estar detenido puede estar echando raíces bajo la superficie.
Cuando llega el tiempo señalado por Dios, aquello que Él cultivó comienza a manifestarse.
Crecer bajo el cuidado de Dios
En la Biblia, la idea de florecer está relacionada con el crecimiento que surge de permanecer cerca de Dios.
Una planta necesita permanecer en condiciones adecuadas para desarrollarse. De manera semejante, nuestra vida espiritual necesita permanecer arraigada en el Señor.
El término hebreo “parach” (פָּרַח) expresa la idea de brotar, florecer o desarrollarse. La imagen comunica vida que emerge y crecimiento que llega a manifestarse.
“El justo florecerá como la palmera; crecerá como cedro en el Líbano.”
— Salmos 92:12
El justo florece porque su vida está relacionada con Dios. Su crecimiento no depende únicamente de las circunstancias que atraviesa, sino de Aquel en quien tiene sus raíces.
Dar fruto en el momento de Dios
Florecer no significa que todo sucede inmediatamente. Primero están las raíces, después el crecimiento y finalmente aparecen las flores y los frutos.
Hay procesos que Dios realiza en silencio. Mientras vos esperás ver resultados, Él puede estar formando tu carácter, fortaleciendo tu fe y enseñándote a depender más profundamente de Él.
Jesús habló de este principio cuando enseñó acerca de permanecer en Él.
“El que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto.”
— Juan 15:5
El fruto espiritual no nace de nuestro esfuerzo aislado. Surge de una vida que permanece unida a Cristo y permite que el Espíritu Santo produzca transformación.
Restauración después de una etapa difícil
También existen temporadas en las que todo parece seco. Oraciones que parecen no tener respuesta, puertas que permanecen cerradas y momentos en los que cuesta imaginar una nueva primavera.
Sin embargo, la sequedad visible no significa necesariamente que la vida haya terminado.
Job expresó esta esperanza con una imagen poderosa.
“Porque si el árbol fuere cortado, aún queda de él esperanza; retoñará aún…”
— Job 14:7
Dios puede traer renovación donde nosotros solamente vemos pérdida. Él puede hacer brotar esperanza en lugares que parecían completamente secos.

Prosperar conforme al propósito de Dios
Florecer bíblicamente no significa alcanzar riquezas, reconocimiento o una vida sin dificultades. Es mucho más profundo que eso.
Florecer significa avanzar en aquello para lo cual Dios te llamó, crecer en Cristo, reflejar su carácter y dar fruto que glorifique al Padre.
Por eso, tu temporada de florecimiento quizá no se parezca a la de otra persona. Dios conoce tus raíces, tu proceso y el propósito que tiene para tu vida.
Una diferencia importante
Florecer no significa que nunca habrá temporadas de sequedad.
Una planta puede atravesar invierno y seguir teniendo vida en sus raíces. De la misma manera, podés estar atravesando una temporada difícil y, aun así, Dios puede estar preparando algo nuevo en vos.
Quizás todavía no veas flores, pero eso no significa que Dios haya dejado de trabajar.
Es tiempo de confiar y florecer
Si Dios te está llevando por un proceso, no abandones el lugar donde Él te plantó. Permanecé en Cristo, alimentá tu fe con su Palabra, buscá su presencia y dejá que el Espíritu Santo transforme tu vida.
Quizás hoy sea tiempo de echar raíces. Quizás sea tiempo de volver a brotar. Quizás sea tiempo de florecer.
¿Qué está queriendo producir Dios en vos durante esta temporada?
Si este mensaje habló a tu corazón, compartilo desde los botones disponibles para que también pueda llegar a alguien que necesita recordar que todavía hay esperanza.


Quiero leerte. ¿En qué área de tu vida sentís que Dios te está preparando para florecer?