Cuando leemos el capítulo 10 del evangelio de Lucas, nos encontramos con un episodio cargado de significado: Jesús elige a setenta (algunos manuscritos dicen setenta y dos) discípulos y los envía de dos en dos delante de Él, a cada ciudad y lugar donde pensaba ir. Este evento no solo fue histórico, sino profundamente espiritual y vigente para nuestras vidas hoy.
¿Qué quiso enseñar Jesús al enviar a los setenta? ¿Por qué ese número? ¿Qué aprendemos de su actitud, misión y regreso? Acompañame a reflexionar sobre este pasaje que nos impulsa a vivir una fe activa, comprometida y obediente.
1. Un llamado a todos los discípulos, no sólo a los apóstoles
Este envío no fue exclusivo para los doce apóstoles. Jesús amplió el círculo. Mostró que la misión lejos de ser para un grupo selecto, era para todo aquel que quisiera seguirlo y anunciar el Reino de Dios. Esto nos habla directamente a nosotros hoy: si sos discípulo de Cristo, también sos un enviado.
Los setenta representan a creyentes comunes que recibieron poder y autoridad para cumplir una tarea específica. No estaban solos ni desamparados. Fueron respaldados por el Señor mismo.
2. La urgencia de la cosecha
Jesús les dice: “La mies es mucha, pero los obreros pocos; rogá, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies” (Lucas 10:2). Esta frase fue una orden espiritual. Hoy sigue habiendo mucho por hacer. Gente que necesita oír, corazones listos para recibir la Palabra, y pocos dispuestos a hablar.
¿Estás orando por obreros? ¿Estás dispuesto a ser uno de ellos?
3. Enviados de dos en dos: compañerismo y cobertura
El Señor los mandó de a dos. Esta estrategia no fue casual. Mostró la importancia del compañerismo espiritual, de tener con quién orar, compartir, sostenerse y animarse. No estamos llamados a la soledad del servicio, sino a la comunión. Dios obra a través del acuerdo entre hermanos.

4. Un mensaje claro: paz y Reino de Dios
El mensaje era directo: “Paz a esta casa” y “El Reino de Dios se ha acercado”. No iban a predicar religión, sino el gobierno de Dios, su poder transformador. Donde llegaban los setenta, llegaba la presencia de Dios. Esa sigue siendo nuestra misión hoy: llevar paz, sanidad, salvación y esperanza dondequiera que vayamos.
5. No todos los recibirán: el rechazo es parte del camino
Jesús fue claro: algunos los iban a rechazar. Les dijo que no se ofendan ni se desanimen. Incluso, les dio palabras duras sobre aquellas ciudades que no los escucharan. El rechazo no es un fracaso personal; es parte del precio de servir. Nuestra responsabilidad es obedecer, no controlar los resultados.
6. El gozo no está en lo que hacés, sino en lo que sos
Cuando los setenta regresaron llenos de alegría por los milagros y la autoridad que experimentaron, Jesús les dijo algo profundo: “No se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo” (Lucas 10:20).
Este es el corazón del evangelio: lo que somos en Cristo vale más que lo que hacemos para Él. Nuestra identidad está primero; el servicio viene después.
Aplicación práctica para hoy
Esta historia nos deja varias enseñanzas para nuestra vida espiritual:
- Vos también sos llamado por Jesús para ir, anunciar, servir y confiar.
- La misión no es una opción para algunos, es el estilo de vida de todos los discípulos.
- No vas solo. El Espíritu Santo va con vos, y la iglesia te acompaña.
- Aun si no todos te escuchan, seguí sembrando. La recompensa viene del Señor.
¿Te estás preparando para ir? ¿Estás orando por la mies? ¿Estás dispuesto a obedecer, aunque te cueste? Hoy más que nunca, necesitamos creyentes que vivan como los setenta: sencillos, valientes, comprometidos y llenos del Espíritu.





0 comentarios