Hace más de cuatro mil años, Dios puso su mirada en un hombre llamado Abraham. Lo llamó a salir de su tierra y de su parentela, le cambió el nombre y lo introdujo en un camino de fe tan profundo que llegó a ser conocido como “el amigo de Dios”.
Desde el inicio de esa relación, el Señor le dio promesas hermosas, siendo la principal que, a pesar de su avanzada edad, tendría un hijo y una descendencia tan numerosa como las estrellas del cielo y la arena del mar.
Veinticinco años después, Dios cumplió Su promesa: nació Isaac, el hijo esperado. De Isaac nació Esaú y Jacob, a quien Dios cambió el nombre por Israel. Y de Israel nacieron los doce patriarcas, origen de una nación que, siglos más tarde, sería testigo de las grandes obras del Señor.
Y además, entre las promesas dadas a Abraham hubo una que sigue resonando con fuerza hasta el día de hoy:
“Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.”
Este post se basa en un video publicado en el canal Youtube “qué dice la Biblia”, cuyo mensaje busca recordarnos la vigencia de esa promesa y el llamado a bendecir a Israel.
La promesa que no murió con Abraham
Lo grandioso de la promesa de Dios es que no murió con Abraham. Se extendió a su descendencia, al pueblo de Israel. A lo largo de la historia, hemos visto naciones, movimientos e individuos que han intentado destruir a Israel, motivados por un odio que tiene su raíz en lo espiritual.
Satanás odia a Israel porque de ese pueblo vinieron la ley, las promesas, y sobre todo, el Mesías, Jesús, quien cumplió el plan de redención para toda la humanidad. Además, desde Jerusalén Cristo reinará pronto junto a Su iglesia. Por eso, el enemigo ha sembrado ese odio en el corazón de muchos.
Antisemitismo: un odio sembrado desde el principio
Desde los tiempos antiguos, hombres perversos se han levantado contra el pueblo de Dios. Uno de los primeros fue Amán, un líder persa que planeó exterminar a los judíos en tiempos de Ester y Mardoqueo. Sin embargo, terminó ahorcado en la misma horca que había preparado para ellos.
Siglos después, Adolf Hitler llevó a cabo un genocidio brutal, asesinando a más de seis millones de judíos, y finalmente acabó suicidándose.
Incluso, la Iglesia Católica en siglos pasados promovió campañas que acusaban al pueblo judío de haber matado a Jesús, provocando odio y persecución. Pero lo cierto es que todo formaba parte del plan de Dios: el endurecimiento del corazón de los líderes judíos permitió que los gentiles recibiéramos salvación.
Un remanente fiel a Dios
A pesar de la incredulidad general del pueblo, siempre hubo un remanente fiel. Los apóstoles y muchos otros judíos recibieron a Jesús como el Mesías y fueron salvos. Hoy también hay miles de judíos que están abriendo su corazón a Cristo y reconociendo que el Mesías que esperan ya vino hace dos mil años.
El apóstol Pablo expresó su deseo con palabras que aún resuenan:
“Ciertamente el anhelo de mi corazón y mi oración a Dios por Israel es para salvación.”
Esa debe ser también nuestra oración. Que el velo caiga, que la luz del evangelio resplandezca en sus corazones, y que muchos puedan ver a Jesús revelado en sus vidas.

Las naciones que bendicen a Israel
A lo largo de la historia moderna, las promesas de Dios se han cumplido con exactitud. Aquellos que bendicen a Israel reciben bendición, y quienes lo maldicen, reciben maldición.
Ejemplos sobran:
- El expresidente venezolano que maldijo públicamente a Israel murió poco después de un cáncer fulminante.
- En cambio, Estados Unidos y Guatemala, naciones que han apoyado al pueblo de Dios, han visto grandes bendiciones. Guatemala, de hecho, fue la última en votar a favor de la independencia de Israel en 1948, y ha sido prosperada de una manera notoria.
Cuidar lo que decimos sobre Israel
En la actualidad, muchos cristianos opinan con ligereza sobre los conflictos en Medio Oriente. Algunos llegan a criticar o maldecir a Israel, sin comprender la dimensión espiritual de lo que sucede.
La Biblia es clara: debemos cuidar nuestras palabras. No nos corresponde juzgar las decisiones políticas o militares de Israel; nuestro deber es bendecir, orar y apoyar.
“Orad por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman.” (Salmo 122:6)
Desde aquí, los hijos de Dios decimos con convicción:
Bendecimos a Israel, oramos por su paz y por su restauración espiritual.
Un llamado a interceder
Oremos para que los ojos del pueblo judío sean abiertos y reconozcan a Jesús como el Mesías prometido. Que el evangelio resplandezca sobre ellos, y que la bendición de Dios se derrame sobre su nación.
Como dijo C. S. Lewis:
“Creo en el evangelio como creo en el sol, no solo porque lo veo, sino porque a través de él puedo ver todo lo demás.”
Cuando Cristo habita en el corazón, se puede ver Su luz reflejada en toda la Escritura, incluso en las promesas dadas a Abraham.
Bendecir a Israel no es solo una acción política o simbólica: es una decisión espiritual que trae bendición a nuestras vidas y a nuestras naciones.
Un mensaje final de gratitud y bendición
Si este mensaje llegó a tu corazón, compartilo con otros creyentes. Que más personas comprendan el poder de bendecir al pueblo de Dios y la importancia de orar por Israel.Dios sigue cumpliendo Su palabra, y Su pacto con Abraham continúa vigente. Bendecir a Israel es alinearse con el propósito eterno de Dios.
📌 Nota: Contenido adaptado del video del Pastor Jahaziel Rodríguez: El PELIGRO de maldecir a Israel ¡Impresionante dato bíblico!






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