La historia de la Palabra de Dios también incluye el esfuerzo de llevar las Escrituras a personas que hablaban otros idiomas.
La Septuaginta ocupa un lugar muy importante dentro de ese recorrido y permite comprender mejor el contexto en el que vivieron Jesús y la iglesia primitiva.
Conocer su origen fortalece nuestra comprensión de la historia bíblica y nos ayuda a valorar cómo Dios ha obrado a través de los siglos para que Su Palabra llegara a muchas personas.
Origen del nombre y leyenda
El nombre Septuaginta proviene del término latino que significa «setenta».
Se relaciona con una antigua tradición que cuenta que setenta o setenta y dos sabios judíos fueron convocados para traducir las Escrituras hebreas al griego por pedido del rey Ptolomeo II Filadelfo en Alejandría.
La leyenda afirma que los traductores realizaron su labor de manera independiente y que todos llegaron al mismo resultado, lo que fue interpretado como una señal de la guía de Dios.
Aunque esta historia tiene un fuerte valor simbólico, los estudios históricos consideran que refleja una tradición desarrollada con el paso del tiempo más que una descripción literal de los acontecimientos.
Proceso real
Los expertos creen que la Septuaginta no fue una traducción realizada en pocos días ni por un único grupo de personas.
El proceso se extendió durante los siglos III al II a. C. y participaron distintos traductores que trabajaron sobre diferentes libros del Antiguo Testamento.
El propósito principal fue ofrecer las Escrituras en griego para los judíos que vivían fuera de Israel y que ya no utilizaban el hebreo como lengua cotidiana. De ese modo podían leer, estudiar y escuchar la Palabra de Dios en las sinagogas en un idioma que comprendían.

Uso histórico
La Septuaginta fue la Biblia utilizada por gran parte de los judíos de habla griega en el mundo mediterráneo. Más adelante también fue ampliamente utilizada por los primeros cristianos.
Muchos pasajes del Nuevo Testamento reflejan citas que coinciden con la Septuaginta, lo que demuestra la gran influencia que tuvo en la enseñanza de la iglesia primitiva.
Esto no disminuye la autoridad de las Escrituras hebreas, sino que muestra cómo Dios permitió que Su Palabra alcanzara a diferentes pueblos y culturas para anunciar el evangelio.
Contraste con el texto masorético
El texto masorético corresponde a la tradición hebrea preservada cuidadosamente por los escribas judíos conocidos como masoretas varios siglos después de Cristo.
Hoy constituye la base principal de la mayoría de las traducciones modernas del Antiguo Testamento.
La Septuaginta y el texto masorético presentan numerosas coincidencias, aunque también existen diferencias en algunas palabras, versículos y en el orden de ciertos pasajes.
Además, la Septuaginta incluye varios libros conocidos como apócrifos o deuterocanónicos, que no forman parte del canon del Antiguo Testamento aceptado por el judaísmo ni por la mayoría de las iglesias evangélicas.
Estas diferencias son objeto de estudio por parte de los especialistas y ayudan a comprender la transmisión del texto bíblico a lo largo de la historia, así como el desarrollo del canon de las Escrituras.
Para quienes seguimos a Cristo, este estudio no busca generar dudas, sino apreciar con mayor profundidad la fidelidad de Dios al preservar Su revelación y entender mejor el contexto en el que vivieron los creyentes del primer siglo.
Profundizar cada día
Conocer la Septuaginta es una oportunidad para descubrir cómo el Señor preparó el camino para que Su Palabra llegara a millones de personas.
Cada detalle de la historia bíblica nos recuerda que Dios sigue obrando con un propósito perfecto y que Su mensaje permanece firme a través de los siglos.
«La hierba se seca, la flor se marchita, pero la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.» — Isaías 40:8
Que este tema despierte en vos el deseo de profundizar cada día más en las Escrituras y de valorar la obra de Dios en la preservación de Su Palabra.
¿Qué aspecto de la Septuaginta te llamó más la atención o cuál conocías antes?
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