Cuando leemos la Biblia, especialmente el Nuevo Testamento, es común encontrarse con expresiones como “la tercera hora del día”, “la hora sexta” o “la hora novena”. Son frases que pueden generar cierta confusión si no entendemos cómo se dividía el tiempo en la cultura judía del primer siglo. En este artículo vas a encontrar una explicación clara sobre qué hora representa la “tercera hora del día” y qué significado puede tener para quienes seguimos a Cristo hoy.
¿Cómo se contaban las horas en tiempos bíblicos?
En la cultura judía antigua, el día se dividía en dos grandes partes: el día (desde el amanecer hasta el atardecer) y la noche (desde el atardecer hasta el amanecer). No existían relojes como los conocemos hoy. El día comenzaba aproximadamente a las 6 de la mañana y se dividía en 12 horas. Lo mismo ocurría con la noche.
Por eso, cuando la Biblia menciona la “tercera hora del día”, está hablando de la tercera hora después del amanecer. Si el día comenzaba a las 6 a. m., entonces la tercera hora corresponde a las 9 de la mañana.
¿Dónde aparece la “tercera hora” en la Biblia?
Uno de los pasajes más conocidos que menciona la tercera hora es Hechos 2:15, durante el derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés:
“Porque estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la tercera hora del día.” (Hechos 2:15)
Pedro responde a quienes creían que los discípulos estaban borrachos por hablar en lenguas. Su argumento es claro: no es lógico pensar eso a las 9 de la mañana. En esa cultura, esa hora era temprano en la jornada, un momento en el que las personas ya estaban en actividad, pero todavía no era hora de comer ni mucho menos de beber.
Otro pasaje importante es Marcos 15:25, donde se menciona la hora de la crucifixión de Jesús:
“Era la hora tercera cuando le crucificaron.”
Esto significa que Jesús fue clavado en la cruz alrededor de las 9 de la mañana. Comprender esto nos ayuda a visualizar la cronología de ese día tan importante para nuestra fe.
¿Qué importancia tiene esto para nosotros?
Tal vez alguien se pregunte: ¿Por qué es relevante saber que la tercera hora eran las 9 de la mañana?
Para quien ama la Palabra de Dios, comprender los detalles del contexto nos permite tener una lectura más rica y precisa. Saber a qué hora ocurrieron ciertos hechos nos da una mejor idea de cómo se desarrollaban los acontecimientos. Por ejemplo:
- En el caso de Pentecostés, entendemos que la manifestación del Espíritu Santo ocurrió temprano en el día, de forma pública y poderosa.
- En la crucifixión, podemos imaginar más claramente el sufrimiento de Jesús a lo largo de las horas del día, desde la tercera hora hasta su muerte alrededor de la hora novena (3 de la tarde).
Además, algunos creyentes sienten el deseo de consagrar ciertos momentos del día para orar o meditar en la Palabra. Saber que la “tercera hora” fue un momento significativo puede inspirar a algunos a dedicar ese horario a la búsqueda de Dios.

¿Cómo aplicar esto en tu vida diaria?
Aunque no vivimos bajo el sistema horario judío antiguo, podés tomar estas referencias como recordatorios espirituales. Por ejemplo:
- A las 9 de la mañana, orá y pedí una nueva llenura del Espíritu, como ocurrió en Pentecostés.
- Recordá que Jesús ya estaba en la cruz a esa hora, y dedicá unos minutos a meditar en su sacrificio.
- Usá este conocimiento para enseñar a otros con más claridad, ya sea en tu iglesia, en grupos de estudio bíblico o en tus redes.
Conclusión
La tercera hora del día en la Biblia corresponde a las 9 de la mañana. Entender esto nos ayuda a comprender mejor pasajes clave del Nuevo Testamento y a conectar de manera más profunda con la historia de nuestra fe. Como cristianos, buscamos no solo leer la Biblia, sino también conocer el contexto para vivir su mensaje con mayor claridad.





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