La unción del Espíritu Santo es una de las expresiones más importantes de la vida cristiana.
A lo largo de la Biblia vemos que Dios unge a las personas para apartarlas, capacitarlas y cumplir sus propósitos por medio de ellas.
Comprender la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente nos ayuda a vivir más cerca de Cristo y a servir con fidelidad al Señor.
¿Qué es la unción?
La unción del Espíritu Santo no es un objeto, una emoción ni algo que una persona pueda comprar o producir por sus propios medios.
Es la obra del Espíritu Santo en la vida del creyente, mediante la cual Dios consagra, capacita y fortalece para cumplir el propósito que ha preparado.
En el Antiguo Testamento, el aceite era el símbolo visible de esa consagración. Reyes, sacerdotes y profetas eran ungidos como señal de que Dios los había apartado para una misión específica.
Sin embargo, el verdadero poder no estaba en el aceite, sino en la presencia de Dios que lo acompañaba.
Cuando el profeta Samuel ungió a David, la Biblia muestra claramente esta relación entre la unción y la acción del Espíritu Santo.
«Entonces Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos; y desde aquel día en adelante el Espíritu de Jehová vino sobre David…» (1 Samuel 16:13)
En el Nuevo Testamento, la unción deja de estar representada principalmente por el aceite y pasa a señalar la obra del Espíritu Santo en quienes pertenecen a Cristo. El apóstol Juan escribió a los creyentes.
«Pero vosotros tenéis la unción del Santo, y conocéis todas las cosas.» (1 Juan 2:20)
Esto significa que la unción no es un privilegio reservado para unos pocos, sino una realidad espiritual para todo hijo de Dios que ha nacido de nuevo y vive en comunión con el Señor.
Dos tipos de unción
Aunque la Biblia no clasifica la unción en diferentes tipos de manera explícita, se puede utilizar esta explicación para comprender dos aspectos de la obra del Espíritu Santo.
El primero es la unción interna. Se refiere a la presencia permanente del Espíritu Santo en el creyente, quien transforma el corazón, produce santidad, fortalece la fe y ayuda a vencer el pecado.
Es una obra continua que moldea el carácter para parecernos cada vez más a Cristo.
Pablo recuerda esta realidad cuando enseña que el Espíritu de Dios habita en quienes pertenecen al Señor.
«…Y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.» (Romanos 8:9)
El segundo aspecto es la unción para servir. El Espíritu Santo también capacita al creyente para cumplir el llamado de Dios, compartir el evangelio y ministrar a otras personas mediante los dones que Él concede.
Jesús dijo a sus discípulos.
«Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…» (Hechos 1:8)
La unción transforma nuestra vida, pero también nos impulsa a bendecir la vida de otros para la gloria de Dios.

¿Para qué sirve la unción?
La unción del Espíritu Santo tiene un propósito mucho más profundo que experimentar momentos de emoción durante un culto. Dios unge a sus hijos para que vivan conforme a su voluntad y reflejen el carácter de Cristo.
La unción sirve para:
- Consagrar al creyente para Dios.
- Capacitar para servir en el ministerio.
- Dar sabiduría y discernimiento espiritual.
- Fortalecer en medio de las pruebas.
- Transformar el carácter mediante la obra del Espíritu.
- Enseñar y guiar en la verdad.
- Confirmar el llamado que Dios ha dado.
- Manifestar el poder de Dios según su voluntad.
Jesús describió el propósito de la unción cuando leyó las palabras del profeta Isaías.
«El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres…» (Lucas 4:18)
Además, el Espíritu Santo guía al creyente para comprender la verdad de Dios.
«Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad…» (Juan 16:13)
También es Dios quien afirma y unge a sus hijos para permanecer firmes en Cristo.
«Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios.» (2 Corintios 1:21)
La Biblia también enseña que el Espíritu reparte dones para edificación de la iglesia, produce el fruto del Espíritu en el creyente y fortalece al hombre interior. Todo esto forma parte de su maravillosa obra en quienes aman al Señor.
Cómo recibir y mantener la unción
La unción del Espíritu Santo no se recibe buscando experiencias extraordinarias ni persiguiendo manifestaciones visibles. Nace de una relación genuina con Jesucristo y de una vida rendida a Dios.
Mantener la unción implica permanecer en comunión con el Señor mediante la oración, la lectura de la Palabra, la obediencia y un corazón humilde dispuesto a escuchar la voz del Espíritu Santo.
Jesús enseñó esta verdad con una imagen sencilla y profunda.
«Permaneced en mí, y yo en vosotros… porque separados de mí nada podéis hacer.» (Juan 15:4-5)
Así como en el altar del tabernáculo el fuego debía mantenerse encendido continuamente, el creyente también necesita alimentar cada día su comunión con Dios.
Levítico 6:12-13 ilustra este principio y nos recuerda la importancia de acercarnos diariamente al Señor para que nuestra vida espiritual permanezca viva y activa.
La unción no se conserva por el esfuerzo humano, sino permaneciendo cerca de Cristo y dejando que el Espíritu Santo obre libremente en nuestro corazón.
Regalo de Dios para sus hijos
La unción del Espíritu Santo es un regalo de Dios para sus hijos. Él nos consagra, nos transforma y nos capacita para vivir de una manera que honre a Jesucristo.
Ahora nos gustaría conocer tu experiencia. ¿Qué enseñanza de la Biblia sobre la unción ha fortalecido más tu caminar con Cristo? Compartila en los comentarios para edificar a otros hermanos en la fe.
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